Querido Manzano, te veo desaliñado, como
si los años te hubiesen golpeado el andar. Te veo y siento tus arrugas producto
de tu frustración de no saber si permanecer digno o renunciar a la fraternidad
para irte en brazos del servilismo, la corrupción y el lucro personal.
Quisiera que persuadas a tus amistades
y familiares que viven fuera del distrito. Quisiera que les expliques que ir a
votar no es una ocasión para asaltar a los candidatos y ponerse en subasta,
cual mercancía lujuriosa, para que voten por quién da más regalos o quien se
humille más ante ustedes. Votar no puede significar que vengan a mi pueblo y
exigir privilegios como si fuesen edecanes del oportunismo.
Puedo entender que naciste aquí, pero
te fuiste a la gran ciudad para buscar mejorar tu calidad de vida, puedo
entender que sólo vengas una vez al año en tu fiesta patronal o cuando tu
abuelita fallezca, todo eso lo puedo entender. Más no pidas que me mantenga estático
cuando veo que al llegar a nuestra cumbre y pasas la gorra con prepotencia y fariseísmo
ante la candidatura que cumplió tus requerimientos.
Apreciado Manzano, ¿ya no recuerdas
nuestros juegos infantiles donde la gente buena siempre tenía que ganar?. Ahora
te mofas y ridiculizas a quienes desean hacer las cosas bien y en beneficio
colectivo. Te parece ingenuo y paupérrima las acciones que pretenden cambiar
las formas de gobierno para un verdadero beneficio colectivo. Tú reivindicas lo
lumpen, el asalto de cuello y corbata, la corrupción que deje obras. Tú llegas
y crees ser “el gallo del gallinero” y debajo de ti están los lugareños
que huelen a estiércol y tienen un aspecto como si evocaran “lamentos del indio”.
Por favor, no botes tu voto. No votes
por tu pariente, por tu amiga o por tu futuro socio mercenario; vota por quien
creas que va a mejorar las condiciones de vida de los nuestros y tú también
siéntete uno de los nuestros. Y si no deseas votar por convicción, mejor sé
digno y paga tu multa, deja que nosotros elijamos nuestro próximo azote o quizá
sin ti y los tuyos podamos elegir a nuestro faro del camino. Y si vas a subir a
esta tierra olvidada por su patria, ven con tu propio esfuerzo, ven y
convídanos del pan que traes en tu alforja y nosotros te daremos nuestro vino
cordillerano. Así podremos reconciliarnos y sentirnos uno sólo, cochanos que nos quedamos en la
altura a resistir la ignominia burocrática y cochanos que salieron al mundo a
predicar nuestra existencia.
“Tenemos
que seguir amando, aunque no hayan caminos para andar,
aún si
nuestros pies están cansados,
una brecha,
un camino quedará,
tenemos que
seguir andando, compañero.
Tenemos que
seguir amando cuando hay brillos que opacan nuestra luz,
cuando hay
voces que aturden nuestra voz,
estos días
de ominosa claridad,
tenemos que seguir
creyendo, compañera”