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miércoles, 2 de noviembre de 2022

Entre el deber ciudadano y la lealtad a los parientes: La elección distrital del 2022 en Marcapomacocha.

[1]El electo alcalde, Marco Antonio Garay Meza, vuelve al sillón municipal. Con él, Corpacancha retoma su influencia y superioridad numérica en las elecciones municipales del distrito. Después de 20 años de mantenerse, aparentemente, relegada a un segundo plano en la definición de las elecciones ediles, han definido el destino distrital nuevamente.

Por la noche del dos de octubre del 2022, la plaza de Marcapomacocha estuvo atiborrada de simpatizantes del alcalde electo. La escena parecía la celebración de un equipo deportivo cuando gana un campeonato local. Muchas cosas se dijeron, entre llantos e improperios típicos de un espíritu jubiloso de nuestro ande. Las palabras más recurrentes eran: “vamos”, “nosotros”, “pueblo” y “marquiño”. Estas palabras triunfales marcan muy bien la sensación que genera la victoria de Garay Meza. Son palabras que expresan el espíritu corpacanchino que perduraba hasta antes del nuevo milenio. Porque la victoria dada, se explica gracias al apoyo irrestricto e incondicional de ciudadanos que viajaron desde distintos puntos (exteriores a nuestro distrito) para asegurar el triunfo. Y quien quedó en segundo lugar también reprodujo la misma dinámica. Ambos candidatos (o quizá todos) tuvieron la oportunidad de ganar, sí sólo sí convencían al votante turista. Esa ciudadanía que no padece del consumo de coliformes fecales en el agua doméstica, la misma ciudadanía que no se ve afectada por la polución de la carretera en la estación seca. Por eso, es pertinente apuntar algunas reflexiones, conclusiones y cuestionamientos respecto a lo sucedido en los últimos comicios electorales.

El voto golondrino determina la elección municipal desde hace dos décadas. Muchos creen que: ser golondrino sólo se refiere a aquellos ciudadanos que no tienen ningún vínculo ancestral ni parental con el distrito. Craso error, que está muy bien definido por los organismos electorales[2]. No se necesita recibir un monto de dinero o ser ajeno a la parentela local para ser denominado golondrino. Pero nuestra forma de organización andina, nuestros roles de parentesco[3], nuestro padrinazgo[4] y las redes de reciprocidad[5] que gestamos entre nosotros hacen que defendamos a la parentela, que nunca vivió o que sólo creció en el lugar, como si no fuera golondrina.

Entonces nuestra cosmovisión andina hace que claudiquemos ante las normas electorales. Pero estas a su vez reproducen otra forma de identidad: La asociatividad contra el legado gamonal[6]. En este caso, la formación y desarrollo ideológico que tuvo la antigua SAIS Pachacútec es clave para entender su voto en bloque. Mientras que, las Comunidades Campesinas de Marcapomacocha lidian con pugnas por el control y la manipulación del poder individual; el adoctrinamiento cooperativista, de la otrora SAIS, suele caminar en bloque. Curiosamente, las comunidades campesinas deberían ser las que determinen su apoyo en bloque, pero nunca fue así. Mientras que en las comunidades de nuestro distrito se fomentó la oratoria, la demagogia y el vasallaje (residuo del gamonalismo), Corpacancha tuvo una estructura asociativista que vio su fin junto al cambio de su escuela fiscal (1999). Corpacancha, recién ha entrado en una pugna por la tierra desde el nuevo milenio y al menos durante diez años más, no evidenciará fallos en su dinámica ideológica.

Las tres comunidades campesinas o oscilan por un tránsito de redescubrimiento o reinvención de la identidad comunal. Aunque tienen bastante por remediar: la población que han dejado relegada y su praxis política les juega en contra. Estas, ya no determinan, necesariamente, el devenir del pueblo. Pero, siempre son la esperanza de fiscalización y cautela que añora el distrito. Su desunión es tan evidente que no han sido capaces de apoyar a un candidato único. Y, aunque ahora les remuerda que alguien que no es de los suyos vaya a gobernar, tienen que resignarse; pues el revanchismo y la envidia siempre les juega en contra. Perdón, sólo una vez se pudieron poner de acuerdo: cuando no permitieron la reelección de Marco Garay (2006)[7] y prefirieron votar por el “Vito Corleone” local, todo con tal que no vuelva a ganar alguien de Corpacancha.

La falta de ampliación del área urbana, dentro de la capital de distrito, hace imposible un desarrollo social sostenible. En dicho caso, tenemos que agradecer a los votos golondrinos su permanencia, de lo contrario nuestro presupuesto y beneficios locales se reducirían drásticamente. Por un lado, la Comunidad Campesina de Marcapomacocha no ejecuta la tan ansiada ampliación del área urbana, generando que cada vez sea menos interesante quedarse dentro del pueblo y defenderlo. Por otro lado, Corpacancha con una mejor geografía para albergar una ciudad considerable, tampoco cede, pues se escuda en su personería jurídica de empresa privada. De esta manera, no es difícil imaginar que no estamos cercanos a la resolución de este problema. En consecuencia, los votos golondrinos cada vez serán más y no podremos oponernos a su generosa contribución de mantener vigente un distrito sin capacidad de habitación.

El alcalde electo debe cargar pasivos y vacíos ediles que por décadas se han estado obviando. Aún no me convence su política ambiental. Los demás candidatos tampoco eran mejores en este aspecto. Siento que, aún no relacionamos el medio ambiente con nuestro futuro cercano, si no más bien lo vemos como un bien utilitario que debe exprimirse hasta donde se pueda para lucrar a nuestras poblaciones. No importa que seamos el colchón hídrico más importante del país. Tampoco caemos en la cuenta de que, en nuestro territorio comienza la amazonia[8] (pocos saben que pertenecemos a la cuenca hidrográfica del río Amazonas). Del mismo modo, al margen del resultado, no ha habido capacidad de proyección respecto a nuestro futuro a mediano y largo plazo. En estas elecciones no hubo pactos de gobernabilidad ni de planificación distrital que otros distritos más pobres y menos accesibles se preocupan por priorizar. Estos aspectos, desde luego, escapan a la responsabilidad de la gestión entrante o a la saliente, es la indolencia general del distrito frente a un problema actual que no se quiere enfrentar.

No sería justo terminar este análisis sin expresar libremente mi simpatía y aprobación por el candidato que quedó en segundo lugar: Silvio Varillas Hidalgo. Yo hubiese querido que él gane. Pero ser sucesor de la actual gestión le jugó en contra, ya que como es lógico cada gestión saliente está desgastada y su aprobación va en retroceso. Mis motivos para optar por él eran: Pertenece a las instituciones que también pertenezco y se le podía procesar política, comunal y legalmente, ante cualquier afrenta, con mayor facilidad. Mientras que, a Marco Garay no se le podría acorralar tan fácilmente ya que la actual administración de Corpacancha (que es su mayor respaldo) es gaseosa y voluble, por los juicios internos y las luchas por la tierra. Sin embargo, no llegué a votar ya que a raíz de la pandemia las movilidades de transporte público ya no transitan a doble horario ni domingos (hemos retrocedido 25 años en ese sentido).

Para concluir, el voto ciudadano de Marcapomacocha está determinado por su cantidad de parentela y redes de reciprocidad. Esta práctica, está normalizada e institucionalizada, de modo que es irreal asumir un voto racional mayoritario. Por ello, es una ofensa si algún caudillo político no ayuda a sus allegados una vez puesto en el poder. El revanchismo comunidad (rezago de gamonalismo) contra Corpacancha y los no comuneros siempre determinan el bando del candidato y su indefectible destino. Por último, es contraproducente lamentarse por la existencia de votos golondrinos; cuando no se hace nada por ampliar el área urbana, que podría hacer frente con presencia real de quienes quieren habitar el distrito y no pueden. Se asoman cuatro años complicados para el distrito, indiferentemente del ganador, son los problemas que ha acumulado el distrito.

Propaganda del electo alcalde.


[1] El presente artículo sirvió de base para la postulación y sustentación de la investigación y  ponencia antropológica: Comunidad campesina contra la SAIS: Parentesco y reciprocidad en la elección distrital del 2022 en Marcapomacocha.

[4] Entre el padrinazgo y la democracia, Alfredo Quintanilla: https://andes.missouri.edu/andes/especiales/aq_padrinazgo.html

[5] Leer el libro: Reciprocidad e intercambio en los andes peruanos: https://repositorio.iep.org.pe/handle/IEP/667

[6] En mi investigación, sustento cómo es que las comunidades campesinas defienden el derecho de  la propiedad privada y a raíz de ello se autodetermina como las únicas instituciones y personas naturales con capacidad de decisión.

[7] El alcalde electo gobernó por primera vez durante los años 2002 – 2006.



[1] El presente artículo sirvió de base para la postulación y sustentación de la investigación y  ponencia antropológica: Comunidad campesina contra la SAIS: Parentesco y reciprocidad en la elección distrital del 2022 en Marcapomacocha.

 




lunes, 13 de abril de 2015

Cuando el río suena… (reflexión sobre la migración).

“…Dicen que, cincuenta leguas mas arriba, el río mordió la ladera fronteriza de un valle para derrumbarla, empozarse frente al derrumbe, cambiar de curso y llevarse el valle entero. …Las aguas estaban más lodosas que nunca, prietas, del color de la noche.”[1]

En la gran ciudad hay que acomodarse donde se pueda
otros están detrás a la espera.

Los huaycos ocurridos en Chosica recientemente me han hecho reflexionar sobre la persistencia de los moradores del lugar a quedarse en un lugar que es cause natural por donde ocurren deslizamientos de piedra y lodo (huayco). Esto se debe, entre otros motivos, a que es el único lugar que tienen para vivir. Generaciones atrás, estas personas vinieron de otras regiones del país para asentarse en la capital de un país centralista, excluyente y aún en construcción (de una identidad) para mejorar sus expectativas de vida. Algunas familias consiguieron una mejora sustancial gracias al empeño y proyección que tuvieron[2], creando pequeños negocios que se transformaron en empresas rentables, otros mejoraron su calidad de vida en generaciones recientes, motivados la educación superior que obtuvieron.

Mis paisanos (mis padres son del distrito de Marcapomacocha) emigran, al igual que yo, muchas veces por motivos de estudio, sin embargo la cuestión laboral y el deseo de vivir en la capital son las principales motivaciones de quienes bajamos de nuestro cerro verde y muchas veces llegamos a establecernos en cerros estériles y polvorientos[3]. Una economía basada en la ganadería alto andina (ganadería extensiva) y siendo miembros de comunidades campesinas que no poseen un proyecto de desarrollo comunal, que agrupe a todo el pueblo, es difícil quedarse en un distrito situado entre los 4000 hasta los 6000 m.s.n.m. (metros sobre el nivel del mar) donde el ecosistema no permite realizar demasiadas actividades económicas para mejorar la calidad de vida de los habitantes del lugar. El sitio, de quedarte en el, te plantea dos soluciones fatales: Vivir de la ganadería sin gran capacidad de ahorro a menos que además de pastar animales la familia sea comerciante en el centro poblado o haga trabajos adicionales relacionados con el campo (cortar champa, esquilar animales, hacer casas, tejer, lavar ropa), todo ello mientras se es joven procurando juntar dinero y reconocimiento para cuando se llegue a la vejez (¿de 10 hijos uno nos acudirá?). Trabajar para una, de las pocas, empresas que existen (minera o ganadera) esperar a  cesar por edad y con el cobro de los derechos laborales obtenidos comprarse una casa en otro lugar y morir lejos del pueblo donde se vivió (en el caso de Corpacancha la empresa es dueña de los terrenos y la casa del trabajador lo es solo cuando trabaja para esta, una vez que deja de laborar tiene que desalojar) abatido por enfermedades o la edad avanzada.

Muchas personas contemporáneas a mis padres no desean volver al distrito, representa una parte llena de carencias y penas aún sin sanar; otras en cambio van y restriegan su “éxito” a quienes se quedaron (sin duda lo hacen para hacerse creer ellas mismas que son efectivamente mejores que aquellas que se quedaron)[4]. Las personas de mi generación, aquellas que migraron, (muy a mi pesar) frecuentan viajar y maravillarse con el paisaje, tomarse fotos y evitar lo mejor posible “quemarse y dejar de ser blanca”. Sin duda la cuestión del aculturamiento, la discriminación y el sentido de inferioridad están muy arraigadas (como en todo el Perú); por esta razón es que quienes migramos permanecemos en barrios, pueblos jóvenes, callejones, laderas de cerros, invasiones, etc. Mientras tanto quienes salieron fuera de la patria, con el corazón compungido y los ojos vidriosos prestos a comunicar lo que los labios niegan, miran las fotografías de su tierra querida, se informan del acontecer local, exponen sus ideas de cómo debería conducirse el gobierno local y tantas cosas que desde sus experiencias añoran transmitir.

En lo que a mí respecta se podría decir que soy un híbrido, no me siento ni de aquí ni de allá. Me considero procedente de mi estancia (el lugar que la comunidad campesina nos ha dado), soy de Cullic, por lo general no bajo al pueblo más que para viajar de retorno a Lima. Me gusta la nieve y el amanecer de las montañas, me agrada ser escupido por las llamas o alpacas, me apasiona sacar riegos de agua (hacer canales que desvían el agua del río y riegan otras zonas del terreno), me gusta la noche tan llena de silencio como si esperase paciente el alba para iniciar un nuevo camino. Amo comer con mis rodillas como mesa porque me es más cómodo, recoger agua de un puquio mientras pienso en una y mil ideas que a veces me hacen caer de cara en el pasto o resbalar hasta caer sentado y mojarme el pantalón. Me gusta escuchar huaynos antiquísimos mientras maceo (mal) la ropa en el río.

Hay algo que no me gusta, la soledad y creo que esta es la culpable de que muchos de mis paisanos hayan dejado la puna tan escondida y nuestra, la sensación de estar solo te hace desear escapar de la realidad, escuchar todo el día la radio, ponerte tv satelital si puedes, irte al pueblo ya sea a chismear o a beber. Entonces estar sólo significa también no tener una educación que te defienda de los de afuera, un centro médico que solucione todos tus males, estar solo significa sentirte impotente ante el desinterés por hacer proyectos comunes, sentirte sólo si reclamas por el medio ambiente frente a las empresas del lugar. Sentirte solo significa desilusionarte del lugar donde vives porque no mejora ni es inclusivo. Por eso mejor ser sólo entre desconocidos a ser nadie entre coterráneos. Por estas cosas mejor vivir debajo de un cause de huayco a vivir debajo de la indiferencia de todo el pueblo.

Se me viene a la mente a cuatro compañeros de la escuela: El primero John Barrera, me hizo prometer cuando teníamos 10 años y cursábamos quinto de primaria que en 10 años adelante nos volveríamos a ver en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, él ahora está terminando su carrera de Ingeniería de Minas en la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión. El segundo Marco Silvestre, un chistoso que contaba chistes rojos, terminó la secundaria en Corpacancha, ahora es egresado de Ciencias de la comunicación por la Universidad Nacional del Centro del Perú. El tercero Julio Gonzales, quien me enseñó que ser pobre no significaba ser ignorante ni mucho menos mala persona como en mi diminuto cerebro creía, ahora es egresado de Educación en las especialidades de Matemática y Física de la misma universidad que el anterior. Y por último Ester Gerónimo, la única persona con quien he estudiado 10 años de mi vida, entre primaria y secundaria, hermana de mi mejor amigo también compañero nuestro, ahora estudia Química farmacéutica en una universidad. Estas personas, que al igual que yo salieron del distrito, tienen mucho por aportar, quizá lo hagan o quizá no, lo que es cierto es que de esa escuela fiscal, de ese distrito alto andino, siempre saldrán futuras personalidades, que no nos extrañe que en años posteriores alguna calle, escuela o plaza lleve el nombre de alguno de ellos o de otros tantos (¿un ingresante a la Universidad Nacional de Ingeniería de la progenie de Silvio Varillas les suena? Es un grito esperanzador más) que surgen de lo mas escondido como el curco después de zambullirse entre las aguas de las cochas.

De derecha a izquierda: Marco Sivestre,
Julio Gonzales y yo.
Sé que es necesario estar fuera para educarse, trabajar y conseguir el pan diario, pero recuerden hermanas y hermanos, allí entre las montañas hay una tierra que aguarda nuestro regreso para ser socorrida, ayudada y alegrada. Nuestra madre tierra llama y llegará el tiempo en el que debamos volver y rendir cuenta de los talentos que nos fueron entregados. Mientras tanto aguantemos la podredumbre de un sistema que discrimina, excluye y niega nuestra necesidad de tener lo mínimo para vivir con dignidad, sigamos toreando al hampa y el racismo, luchemos siempre para destruir el egoísmo y el encono que tontamente nos divide. Seamos las partes del Inkarri que ha de despertar y en unidad todas y todos construyamos esperanza.

 <<No le juimos porque semos hombres y tenemos que vivir comues la vida>>. Así como en la Serpiente de oro, Ciro Alegría relata los motivos porqué los balseros no huyen del río, así permanezcamos en nuestros sitios (no por amenazas de algún huayco) permanezcamos para adquirir experiencia y luego volver donde los nuestros y compartirla. Pese a ello, seamos precavidos que de los hombres nos podemos defender pero de la cólera de la naturaleza ni Dios nos salva (pues estoy seguro que a él le duele más que a cualquiera de nosotros lo que venimos haciendo con el hogar que nos dio para vivir). Los huaycos no sólo están en Lima, el Perú entero vive deslizamientos de tierra[5], esto a causa del fenómeno del niño[6], demostremos nuestra solidaridad y sentido de prevención, para que al final digamos alegres pon no haber perdido a nadie en estos desastres: No huimos porque somos grandes y tenemos que enfrentar a la vida como es.




[1] La serpiente de oro, Ciro Alegría Bazán.
[2] Ver: Los caballos de troya de los invasores, Jürgen Golte, y Norma Adams.
[3] Un buen libro para entender el proceso migratorio es: Desborde popular y crisis del estado, de José Matos Mar.
[4] Sobre discriminación racial ver: Nos habíamos choleado tanto, de Jorge Bruce.
[6] Para estar informado sobre el fenómeno del niño: http://www.senamhi.gob.pe/?p=0220

lunes, 12 de enero de 2015

Mi sombrero (memorias).

“De la vida lo que más extraño es mi sombrero, es un enigma no resuelto lo que sucede con los sombreros de la gente muerta. Cuando me maté lo primero que cayó al suelo fue mi sombrero y ya nunca más lo volví a ver.” ―Richard Brautigan[1]

Siempre quise tener un sombrero, desde niño lo que más me llamaba la atención en las demás personas era el tipo de sombrero que llevaban puesto. Si no tenían un sombrero puesto, suponía que eran personas tristes y quizá también pobres.
Mi sombrero, mis vinoculares, mi poncho de jebe y mi fruta
estos elementos infaltables cuando pasto mis ovejas.
Mi libro para seguir aprendiendo respecto a la ciencia y la humanidad.
El libro que aparece es: Ecologismo de los pobres de Joan Martinez Alier.


Mi niñez la viví en un poblado alto andino; así que era común ver a las personas con un sombrero puesto todo el tiempo. Por lo general los sombreros que más me llamaban la atención eras con dibujos en el rededor de su copa. Recuerdo que cierta vez le dije a mi mamá que me compre uno de esos (tenían florecillas y demás cosas que me recordaban al campo), mi mamá me respondió con un rotundo ¡No!, pues ese tipo de sombreros era para mujeres.

El sombrero que más recuerdo es el que llevaba puesto cuando tenía entre 4 a 6 años. Era un sombrero tejido con lana de ovino, de colores blanco, plomo y negro según recuerdo, el ala del sombrero estaba moldeada y sujetaba por un alambre grueso, de esos antiguos cuya pulgadas no recuerdo pero que se usan en los cercos ganaderos, el grosor es similar al del orificio de los tomacorrientes (la parte circular). Era un sombrero que me parecía un peluche por su tejido hecho con lana. Recuerdo pocas veces haberlo llevado puesto, siempre renegaba porque mi cabeza ya no entraba en el, sin embargo no podía perderlo de vista y exigía que mi mamá agrandara el hueco del sombrero para poder seguir usándolo.

También admiré los sombreros que veía en las películas western[2]. Desde luego esos tipos de sombreros eran común verlos en el pueblo ya que se dedicaban a la ganadería. A veces caminaba con mi gorro de lana por las calles y ceñía la parte de delante al ras de mis ojos, simulando ser un pistolero. Cuando veía algún peligro o quería simular retar a alguien, a un duelo de pistolas, subía el límite de mi gorro desde el ras de mis ojos hasta mi frente (simulando el levantar de un sombrero para ver mejor al oponente).

Mientras viví en la sierra tenía una idea de cada persona de acuerdo al color de sombrero que usaba. Los sombreros negros eran de aquellos que trabajaban con vacas y/o caballos, gente de economía media, que eran violentos con sus esposas e hijos (en general casi toda la población resolvía los problemas a punta de fuetazo limpio). Los que llevaban sombreros marrones o de copa corta eran personas de edad avanzada, lucían ternos relucientes los varones y ropas oscuras las mujeres, personas que me causaban respeto y ganas de abrazar a cada rato como si haciéndolo pudiera entenderlos más que hablando, sin querer entendía lo que significaba un apapacho[3]. Los que llevaban sombrero blanco, eran personas de cargos altos en la empresa ganadera (el poblado donde vivía era propiedad de la empresa ganadera), sin duda era o el gerente o el administrador y más valía saludarlos porque de ello a veces dependía el trato que le darían a nuestros padres, tenías que ir corriendo a saludarlos y siempre con una sonrisa que demostraba tu alegría por haber tenido la dicha de verlos, en el caso de las mujeres el sombrero blanco era símbolo de una señora de más de cuarenta años, tenía la copa alta y una cinta negra que la adornaba (eran sombreros de estilo Huancayo o junino creo). El sombrero verde era símbolo de mi abuelo, un hombre tosco con todos y demasiado consentidor con sus nietos.

La vez que mayor dicha tuve respecto a mi fascinación con los sombreros fue el 2012 cuando estaba caminando por los pasillos Sanmarquinos y vi a la delegación cajamarquina[4] reunida en mi facultad exponiendo sus argumentos para concientizar a los estudiantes sobre la defensa de sus lagunas frente a la empresa minera Yanacocha. Ese día además de cantar sus coplas y caminar junto ellos, me quedé mirando sus sombreros, quería decirle a alguno de ellos: -Te cambio tu sombrero por mi libro “Teología de la liberación”-, solo atiné a decir respecto a ese tema: -¿Cuánto cuestan esos sombreros?, quiero uno de esos-. Mientras tanto hoy el único sombrero que uso es uno viejo cuya ala parece las sombrillas que se llevan a la playa, no es mío es de mi papá.
Mi padre con su sombrero en un paraje místico.
Estoy seguro que, al igual que me teñí el pelo de verde limón o las dos ocasiones donde me hice un corte estilo mohicano, en algún momento me compraré un sombrero y lo llevaré a donde sea y me importará poco si está de moda o me ven como alguien desfasado, lo llevaré puesto como mis relojes que los llevo para ver la hora y solo cuando me baño me los quito. 

Nota: Hoy soñé con mis amigos del grupo que llamamos jupa y estábamos en la avenida principal de Huaycán, me acompañaban mientras yo compraba ropa y muchos, muchos sombreros.



[1] Richard Gary Brautigan (Tacoma, Washington, Estados Unidos, 30 de enero de 1935 - Bolinas, California, 14 de septiembre de 1984) novelista, poeta y cuentista, perteneciente a la Generación Beat. Su obra más conocida en la novela La pesca de la trucha en América (1967).
[2] Las películas del género “Western” son aquellas ambientadas en “el viejo oeste” Estado unidense, cuya trama por lo general gira en torno a la vida rural de sus pobladores y la colonización del lugar.
[3] Del vocablo Naualth “Apapachar”, abrazar con el alma.

jueves, 12 de junio de 2014

Recuerdos frígidos (memorias).

“...Si te sientes sola, háblame
que te estaré escuchando
 aunque no te pueda ver”[1].

Los recuerdos nos sirven siempre; unos estimulan a seguir en la lucha, otros atormentan y laceran nuestro presente. Como sea, los recuerdos siempre acompañan nuestro andar, nos guíen o persigan, allí están.

El frío de la puna, es algo que siempre recuerdo. Me acompañó en las madrugadas, al bajar de mi estancia en ruta a la escuela; por las tardes al volver a la choza luego de juntar el rebaño; en las noches antes de dormir. 

Había un doble frío en mi niñez altoandina, la baja temperatura y la incertidumbre nocturna con relatos escalofriantes y melancólicos. Ambos me aterrorizaban y hacían de mí un ser tembloroso cada noche. 

Estaba el frío corpacanchino (de Corpacancha) que me atemorizaba, ese que sentía al escuchar las historias que le contaban a mi abuelita, por lo general eran problemas o escándalos familiares propios o ajenos, el suspenso que producían las frases parcas que antecedían al sobresalto por haber escuchado “una noticia”, esos terroríficos: ¡ah!, ¡ahora que será de ella!, que siempre desprendían después de terminado el relato (por lo general después de masticar unos segundos la coca). Era tanta la atención que le ponía a los relatos que me sobresaltaba a menudo, después que alguno de los locutores rompiera el silencio protocolar de la noche y lamentaba “la noticia”. 
El otro frío; el frío cochano (del poblado de Marcapomacocha), producido por el reflejo de su laguna. Lo consideraba mortal debido a que mis huesos dolían hasta provocarme repulsión seguir en ese lugar. Cuando de vez en cuando bajaba del campo al pueblo y tenía que soportar ese frío siniestro que me acobardaba el llanto casi siempre era mi compañero de estancia, mis rodillas hasta ahora tiemblan cuando sienten ese frío siniestro.

Ahora he vuelto a sentir la misma sensación de escalofrío y laceración. Ahora que me resisto aceptar que la menor de mis amigas, mi “escudera”, ya no será más la bebé de nuestro grupo (jupa), ahora será madre y su buena nueva no la comparte con todos nosotros, sino que la guarda para sí. Recordar el frío andino me extravía haciendo más fácil digerir la interrogante de porqué no nos platica del tema. Mi miedo en realidad es no saber cómo abordar el tema y decirle que todo está bien. Tengo miedo de no ser convincente, no tener las palabras adecuadas para hacerla sentir bien, es que esta sociedad hace del embarazo un síntoma de culpa y se cree que el ser madre es el término de una vida autónoma (seguramente el machismo reinante es su gran argumento y verdugo). Yo sólo quisiera estrechar sus manos y decirle que sigue siendo mi cómplice y que estaré (estaremos todos sus amigas y amigos) con ella, tratando de comprender sus sentimientos, miedos y sueños, como siempre.

Supongo que cree que nos decepcionaremos de ella y al suponer eso me duelen mis rodillas y el pecho, como cuando bajaba a Marcapomacocha. Imagino que, deduce que nos quedaremos en el lamento al saber lo que le sucede y mi corazón se asusta como cuando en Corpacancha se lamentaba las tragedias de alguien y ni la coca adormecía la tristeza. Todo esto da vueltas en mi mente, mientras camino una tarde de julio, dos días antes de viajar a la sierra y sentir otra vez los fríos, esta vez acrecentados por impotencia y timidez. Me asumo incapaz de ayudar a quien se desveló en innumerables ocasiones para escuchar mis interminables insensateces en mis desventuras universitarias.

He prometido que a mi regreso, después de padecer los fríos andinos, iré a su casa le diré que nada ha cambiado, que todo ha aumentado, pero nada está roto ni perdido. Ella es quizá la única que entiende de "mi canto enfermo", como diría Arguedas. Ella es quien me anima a echar mis sueños a volar, quizá porque también cree en utopías o tal vez soy esa parte desquiciada que ella quisiera ser pero sus fuerzas y su entorno se coluden para atraparla y exigirle serenidad y quietud.

Esta foto retrata como en pocas algunas de las peripecias que pasamos
mi escudera y yo, a veces solos, a veces con nuestros amigos.
La foto es de junio del 2013.

Allá en las alturas, al canto de mi laguna, se esconden mis sueños; se refugian mis recuerdos e ilusiones de antaño esperando ser abrigadas en mi mente en días póstumos y quisiera seguir compartiéndolas contigo. [2]




Post Scriptum: Ahora ya no es la bebe del grupo, ahora es la madre de la nueva bebé del grupo. Sigue escuchándome las veces que voy, sigue sacando su colcha afuera para cubrirse del frío, me sigue echando agua en la cara (si lo merezco) por una de las tantas imprudencias que de cuando en cuando cometo. Sigue siendo la miembro más activa de nuestro grupo y está voceada como futura líder para el 2014. Por sobre todo, sigue soñando y creando mundos donde la libertad no es una quimera para las mujeres.

Ciudad Universitaria,18-09-2013.



[1] Canción "Aunque no te pueda ver” de Alex Ubago. 
[2] De mi Diario de reflexiones, cuaderno de campo y autobiográfico: Crónicas Errantes. 



  

sábado, 31 de mayo de 2014

Los regalos de papa Noel: El gobierno municipal de Marcapomacocha, sus proezas y pobrezas en la actualidad.

EL alcalde en el chaccu de vicuñas 2013 de la Comunidad Campesina de Marcapomacocha
Muchos cuando éramos niños creíamos en papa Noel, los regalos navideños eran obra y gracia suya, para eso uno tenía que portarse correctamente (al menos cuando se acercaba la navidad). Así, mientras uno hiciera mas cosas agradables para los padres, estos tratarían de aumentar el valor de nuestro regalo, porque luego descubrimos que eran ellos los que nos regalaban las cosas, o es que escribíamos para algún spot publicitario y si nos ligaba, agradecíamos a papa Noel (la tienda o marca era en si la benefactora). En las siguientes líneas intentaré resumir la situación actual de cómo es percibido el alcalde y su gobierno por la población, cómo debería ser percibido y cómo pretenden que tendría que ser percibido.

Es la segunda gestión de burgomaestre, que más que alcalde pareciera ser un señor feudal de la alta edad media y la población sus vasallos. Refiriéndonos a papa Noel, los habitantes del distrito vendrían a ser los niños que si no se portan bien no recibirán sus juguetes. Sin embargo, ¿Es tan señor feudal, o papa Noel el alcalde?, los pobladores ¿Son los vasallos sojuzgados por un tirano, son niños inocentes que se esfuerzan por portarse bien? Estas preguntas remontan, no tanto al cómo llego a ser alcalde (¿Fraude, votos golondrinos, favores pasados?) si no, a la comodidad con la gestión que desempeña actualmente.

La actual gestión me recuerda a la fábrica de juguetes del polo norte y su dueño (papa Noel) el alcalde, la población los niños a la espera del ansiado juguete. Sin embargo, todo estaría bien si no hubiera críticas que tildan de corrupto, incapaz e inmoral al alcalde. Estas críticas están basadas en la falta de obras de envergadura distrital, el escaso desarrollo urbanístico de los pueblos y el elevado gasto de sus recursos en “obras de promoción social”, entre otras similares y comunes a la mayoría de municipios locales. 

Comencemos evaluando la forma de gobierno que se maneja. Sí, en efecto la manera como se resuelven los problemas distritales es similar a cuando alguien calla el llanto de un infante con algún dulce. Sin embargo se trata de un fenómeno de acción y reacción. El alcalde se siente como un señor feudal o un papa Noel ya que la mayoría de pobladores acude a él ante cualquier problema doméstico que requiera una solución monetaria. Los problemas son variopintos van desde los útiles escolares para los hijos de una familia, hasta un accidente casual que necesite una operación o las exequias de un individuo. Esto hace que el alcalde ocupe todo el tiempo que da a los pobladores a conversar con él a resolver sus problemas familiares monetariamente, dejando de lado en gran medida una mejor labor.


Toda esta labor paternalista presenta: por un lado a un bondadoso alcalde, que teniendo cosas más relevantes que hacer se preocupa por todos y cada uno de los habitantes del distrito a tal extremo que en las reuniones de concejo también están presentes los trabajadores y colaboradores del municipio que tienen que informar el mas mínimo problema que pueda padecer un poblador (quizá también alguien trame algo contra la autoridad) para que oportunamente pueda ser solucionado; por el otro lado una población para nada inocente ni mucho menos ingenua, que está contenta con el "status quo" ya que les resuelven todos sus problemas, como dicen: “tío Rondón llega mañana, le pediré que me ayude”. Esta población ciega, sorda y muda en la práctica y por conveniencia, radica principalmente en el poblado capital, los pobladores de Corpacancha y Yantac miran (como siempre) con extrañeza la figura municipal, para ellos se resume sólo a los programas sociales que brinda dicha institución (baso de leche, programa juntos, clubes de madres, etc.). Sólo quienes no viven permanentemente en el distrito se dan cuenta de sus carencias y desgobierno, sí desgobierno porque lo que existe en el distrito es sólo asistencialismo convenenciero, creado por el gobierno pero anhelado por los pobladores quienes respaldan e inclusive reclaman agresivamente se siga dando.

Alcalde José Rondón,
dando su discurso por conmemoración del
combate de sangrar
Para concluir creo que la población tiene el alcalde idóneo ese que se preocupe por mantener una familia de 4 hijos a más, ese que se meta a amedrentar a cualquier individuo que atente contra otro (colaborador, vocero, chivo expiatorio, alcahuete, etc.), un tipo que puede salvar vidas porque a pesar de lo costosa de la operación él costeará todo, un sujeto que en el lecho de muerte de cualquier individuo diga: “tranquilidad, tu alcalde ha venido a verte”. Para aquellos que van de cuando en cuando al distrito le digo: ¡Que culpa tiene él! Si el hace por la voluntad general del pueblo y por la gracia de la fraternidad que el dinero subsana., ¡Qué culpa tiene él! Si cuando llega al edificio municipal y abre las puertas de su oficina para que la gente le comunique algo solo le piden favor tras favor, tanto es así que ni estando en su casa puede estar solo porque siempre hay alguien tocando la puerta. Como dijo un sacerdote: -“Hermanos, oremos por la salud de nuestro alcalde, él está enfermo”-, en efecto lo está y él sabe bien que aquellos que ahora le soban la barriga mas tarde le tirarán barro y será una triste página olvidada de la historia distrital.

Sí, es reconocible el pésimo gobierno, sus dos únicas hazañas son: La feria que realizan en fiestas patrias que es reconocida a nivel nacional y “la copa cochanito” o “centenario” (dicho sea de paso hasta en esta actividad hay golondrinos), pero comparada con la felicidad que lleva de hogar en hogar solucionando problemas muchas veces imposibles para la economía de esa familia, ¿Sería justo condenarlo al ostracismo?

Si se quiere cambiar la manera de hacer gobierno es Marcapomacocha, alguien muy decidido tendrá que agarrar a portazos de cuando en cuando a los muchos que acudirán al municipio a pedir algún favor. No creo en la corrupción del gobierno actual. Sí creo, en lo culpables que somos los pobladores de cualquier corrupción existente, también creo en la falsedad de quienes apoyan la gestión (la apoyan hasta cuando termine, luego apoyarán a la siguiente). Sin duda Marcapomacocha ha acuñado una definición nueva para el individuo Caviar, ya no es el izquierdoso que arma revoluciones a cada paso y cuando está en el poder sojuzga las mismas, el caviar en Marcapomacocha somos todos aquellos que proferimos y desdeñamos la labor municipal hasta el día en que necesitemos del “tiosito” y le paguemos informando quienes conspiran en ese momento contra él. Es necesario un cambio, sin embargo mientras la población que radica en el distrito (no aquella que critica y solo va una vez al año) siga sin conocer sus deberes y derechos como ciudadanos y luego ejercerlos como se debe, solo estaremos escupiendo al cielo para aparentar lluvia.


Posdata: Este trabajo es un simple artículo de opinión que argumenta verdades inmanentes, pido perdón a quienes se sientan ofendidos o difamados. Sí por obra y gracia virtual o impresa esta nota llegara a manos del alcalde espero que no tome represalias luego ya que pretendo proponer se realicen unos juegos florales de corte artístico literario por ocasión del centenario del distrito, un distrito que no promueve la creatividad literaria y artística está condenado a la deserción. También espero que de aceptar mi propuesta, se me deje concursar y que no haya interferencia alguna en la hora de la calificación (se dan cuenta hasta yo indirectamente estoy pidiendo un favor). 

viernes, 30 de mayo de 2014

Nubes en el poniente (poema).

Mis mundos alivian mi realidad,
Virgilio no está para guiarme, tampoco tú;
Manzano y Arguedas murieron,
el primero para salvarme y el segundo para crearme.

¿Amigos? los de la infancia,

con quienes creaba mundos;
los de la adolescencia, 
seguidores que conquistaban mundos;
las de la juventud, 

ilusiones que me extinguen de este mundo.

Caminos de piedra y bofedales,
aquellas de hierba y manantiales;
reposos en hamacas y castillos,
razón de mi yo cosaco o tal vez caudillo.