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domingo, 20 de septiembre de 2020

Carta a los caminantes. Capítulo 2: Al precursor de Marca (En memoria de Manuel Andrés Riqueros Calderón).

 

“Hay un solo Dios, un solo Cristo, una sola Iglesia de Cristo, una sola fe, un solo pueblo que, por el vínculo de la concordia, está fundado en la unidad sólida de un mismo cuerpo. La unidad no puede ser amputada; un cuerpo, para permanecer único, no puede dividirse por el fraccionamiento de su organismo.“ — San Cipriano de Cartago[1]

Espero puedas leer esto y alegrar tu alma. Manuel, hijo de Fausto Riqueros Cayetano y Luz Calderón Soto, ciudadano Canteño de raíces Marcapomacochanas; apreciado tío:

Pocas veces he conocido a una persona tan desprendida como tú. Un retornante de tercera generación[2]. Un paisano visto como forastero a ojos pubertos. Un incomprendido, cuya muletilla era el afecto hacia una tierra disfrazada de Comunidad y maquillada de unidad, que visitaba Marcapomacocha varias veces al año (cual peregrino a su tierra santa).

Te conocí en una de las fiestas patronales de la Comunidad Campesina de Marcapomacocha, un año antes de que asumieras la Mayordomía de esa fiesta, en honor a la Virgen Inmaculada Concepción (patrona de la Comunidad).

Visitaste a mi familia, en el pueblo y en mi estancia, en varias oportunidades. Quisiste mucho a mi hogar y nunca pudimos devolver tu amor al mismo nivel. Quisiste al pueblo de tus antepasados al grado que sólo los forasteros lo hacen. Te desentendías de la envidia y la mediocridad que pululan nuestras calles, cual gotero de paraguas invernal. Veías al pueblo con ojos infantiles, ojos ilusionados que desbordan esperanza, ojos que los tuertos no conocemos

Fuiste un soplo de aire puro en medio de una bóveda enmohecida. Fuiste el tercer lazo[3] subversivo que luchó por la unidad y en defensa de la tierra. Hombre de gestos sencillos, caminar pausado y voz arrulladora, con tufillo retórico, muy semejante al entusiasmo de un viejo militante Aprista (como lo fuiste).

“Hoy o nunca”[4] es necesario agradecer tu vida y tu afecto. Ya no estás hoy, pero eso no significa hasta nunca. Gracias por tu preocupación, tu tiempo y tu cercanía. Hoy te reconozco como un precursor, amante de la comunidad[5], un ser que dejó su propia vida para contemplar y sentir por los demás. Probablemente, desde donde estés, nos sigues sintiendo. Hasta allá, te digo: “Se para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo…” (Salmo 30). Que Dios te guarde y nos comparta un poco de ti.


Manuel Riqueros Calderón, durante su discurso
como Mayordomo de la Virgen Inmaculada Concepción .
Marcapomacocha 2017.


Texto escrito originalmente en: Crónicas errantes. Estado de Emergencia. 2020. El Cullic. Capilla Cristo Redentor - Santa Anita. Zona Pastoral Pablo VI, Diócesis de Chosica.



[1] De catholic Ecclesiae unitate, n.23.

 

[2] Título que se les ha dado a quienes vuelen a la tierra de donde migraron a otros lugares.

[3] En lengua Cauqui, significa Canta. Uno de los posibles significados que dan nombre a “La Heroica Villa”. Tercer lazo, en alusión a las dos veces nombrada “Heroica Villa”, por su contribución en la guerra por la Independencia y en la Guerra del Pacífico.

[4] Consigna de las tropas peruanas al iniciar el Combate de Sangrar en 1881, donde se logra la primera victoria peruana contra el ejército chileno, durante la guerra del pacífico (después de la ocupación de lima).

[5] En su sentido bíblico, vivir en comunión.

sábado, 28 de mayo de 2016

Saludos de Oswaldo, profe (carta).

"Yo tenía dieciséis años... en el corazón,
pero no tenía ni un solo lugar dónde colocar
el sentimiento de mi inocencia".[1] – Oswaldo Reynoso Díaz.

Querido profesor: le escribo desde la opaca Lima, el ambiente que me rodea tiene un mantra de tristeza mezclada con resignación y ansiedad de drogas (para sedar el alma). Mi familia y amigos de la universidad no pueden ocultar la rabia e impotencia que les produce imaginar, cada vez más cercana, la victoria fujimorista y con ella (espero de corazón estar equivocado) la captura del gobierno por gente lumpen, con ansias de llenarse la barriga y vaciar sus cerebros para estar más ligeros a la hora de sentir culpabilidad. Le escribo imaginando que la selva central ya lo ha adoptado como un apu tutelar.
Fotografía copiada de la página de facebook
La casa de los panduro.
Le escribo para hacerle llegar el saludo de Oswaldo[2], ha muerto, un maestro que fue el faro de muchos escritores más jóvenes que él[3]. Él fue amable con todo aquel que se le acercaba, cuentan quienes lo trataron con regularidad. Yo supe de él por usted, recuerdo haber visto una foto donde usted sale al lado de él, en una red social, y en la descripción detallaba la admiración que le causaba estar al lado de Reynoso, yo no entendía por qué la única fotografía suya junto a un escritor era con él, ¿quién era él?. – Es Reynoso webón – me diría, el 2010, un compañero de la universidad después que le preguntase porqué mi profesor (a quien le debía mi pasión por la lectura) tenía una foto con ese “viejo canoso”. – Es cantuteño, es uno de los mejores escritores, algún día chelearé con él, ¡cómo no lo vas a conocer, te falta chibolo! – proseguiría mi compañero.

En el 2015, el mismo compañero que se había ofendido porque yo no conocía a Oswaldo Reynoso me comentó que había conocido y “cheleado” con el escritor. Me comentaba, mientras caminábamos desde Plaza Bolognesi hacia el Centro cultural España, que se había desencantado de Reynoso – Es un pata que le gusta que los chibolos lo adulen y hablen de su obra, le gusta que todos lo escuchen y luego aplaudan mientras bebe – me decía. Para entonces ya había leído parte de su obra y sabía que no era tan popular en los medios como Vargas Llosa, por ejemplo, por la temática de su obra, la técnica fresca y mordaz que le imprimía a sus relatos y su capacidad para insertar el lenguaje popular en ella[4]. Un escritor que es: homosexual, que consideraba a Abimael Guzmán como un humanista, marxista o “rojazo” como lo llamaban, nunca sería portada recurrente de ningún periódico[5]. Pero se había insertado, no sé cómo, en los textos de colegio, por eso los chibolos lo amaban[6]. En defensa de Reynoso argüí que mi compañero tuvo esa percepción debido a que él también quería ser alabado y que buscaba en Reynoso a alguien que lo felicite (aún sin conocerlo) por lo que sea – Un escritor arto de la crítica literaria y hastiado del mundo intelectual, tan correctito, buscaba en los jóvenes un espíritu libertario que en los adultos ya se había prostituido, pero le dolía y ofendía la falsa inteligencia, esa que se puede ver en quienes presumen saber cosas que solo conocen de nombre; tú estuviste con esos chibolos al lado, que alababan a Reynoso sin haberlo leído, lo alababan porque les habían dicho que era rojo y que le gustaba chelear, tú fuiste uno más y no hiciste nada para sorprenderlo o que le interese siquiera tu presencia en esa mesa de “El monarca” – le dije. – Tienes razón, pero igual, es cabro, no pasa nada – me replicó torpemente sabiendo que para vengarse por haber pasado desapercibido por Reynoso tenía que atacarlo, desprestigiarlo, deslegitimarlo. – Al menos a él lo leen y le portan chelas, a ti ni tu perro te menea la cola, ¡imberbe!–. – ¡Que ´cha tienes mela!, ¡no seas tosco papi! – reímos después de escuchar la típica respuesta que se entendía como “cambiemos de tema”.  Seguimos caminando mientras pensaba si en verdad lo había conocido o sólo estaba inventado, total era habitual entre nosotros inventar historias para motivar una discusión y sólo después de días confesar si la historia era verídica y qué tanto lo era, nunca más le pregunté del tema, lo único cierto era su aversión a los “cabros” (al menos cuando estaba sobrio) y que odiaba a cualquiera que recibiera más halagos o chelas que él.
Arreglos florales y el féretro en el centro.
Casa de la literatura peruana.
Le cuento, el miércoles pasado fui a ver a Reynoso, por fin lo conocería y lo mejor de todo sería que no me sentiría intimidado, estaría descansando a la espera de quienes quisieran despedirse. Llegué a las dos de la tarde, pasé rápido la puerta de la entrada del lugar donde se encontraría Reynoso, logré escuchar a los vigilantes que me decían – está en el sótano a la derecha, auditorio – agradecí levantando la mano sin detenerme. Llegué al auditorio, había una fila de diez personas antes de mí esperando verlo también. De pronto mientras se acercaba mi turno comencé a temblar, ¿Qué haría al tenerlo en frente? ¿Y si me tropiezo o rompo algún cuadro o le piso el pie a alguien? Era la segunda vez que estaba en un velorio, esta vez había asistido sólo así que nadie me guiaría. Una vaina no ver bien, me dije. Es sólo subir hasta donde está el cajón, respiras, lo contemplas, te despides y ya, me decía. Cuando me tocó el turno de subir a verlo demoré, di media vuelta y me puse a recorrer todo el auditorio viendo los arreglos florales que había dejado diferentes delegaciones y familias que lo conocían, tomé un par de fotos y seguí paseando por el salón donde habían personas sentadas contando varias anécdotas relacionadas al difunto. Después de cinco minutos de recorrer el salón por fin me animé a subir al estrado y verlo. Al verlo dentro del cajón pude observar que su rostro expresaba calma, quizá haya suspirado antes de partir, vi que su rostro estaba tranquilo, no parecía alterado ni tenía desesperanza, esa desesperanza que tienen los muertos de hoy en día. Lo vi, oré por él y me sentí mal, porque él había sido ateo y no sé si una oración era un cumplido o una ofensa. Mientras oraba pensé en usted profesor, pensé en la tristeza que produce la muerte de un maestro, de un guía. Pensé que hubiese sido agradable para usted haber recibido esta carta; pero en vez de relatar cómo llegué al velorio de Reynoso le hubiese narrado mi encuentro con él en algún evento literario o de cómo le entregué mis escritos y las recomendaciones que él me habría dado. Sin darme cuenta me descubrí con los ojos serrados y tras de mí a una fila incómoda por mi demora. – Víctor, Reynoso te manda saludos, le dices – escuché en mi mente.
Oswaldo Reynoso Díaz.
Descansa en paz.
Me despido deseando que las bodas de oro del colegio que ahora dirige sean memorables, no creo que lo visite pronto, mi piel es alérgica y ante el calor o los mosquitos se vuelve roja y emanan pústulas por montón, se vuelve tan roja que parezco Hellboy, pero no es tan roja como lo fue Reynoso. Sin embargo Lima me produce cada vez menos afecto y cito al maestro para terminar: “Porque en todo Lima está la tentación que te devora: billares, cine, carreras, cantinas. Y el dinero. Sobre todo el dinero, que hay que conseguirlo como sea.”[7] Por eso sé que usted está a gusto allí y yo me siento bien cada vez que arribo a la puna.

Con afecto su ex alumno Christian.








[1] Los inocentes, libro de cuentos 1961, empieza con este epígrafe de Jean Genet, conocido marica lumpen de su época.
[2] Oswaldo Reynoso Díaz (Arequipa, 10 de abril de 1931 - Lima, 24 de mayo de 2016) escritor y referente de las generaciones que le sucedieron http://larepublica.pe/impresa/ocio-y-cultura/770348-el-maestro-inconforme-ha-partido .
Entre sus obras están:
-         Luzbel (1955), poesía.
-         Los inocentes o Lima en Rock (1961) http://elpais.com/diario/2006/05/06/babelia/1146872355_850215.html , cuentos.
-         En octubre no hay milagros (1965), novela.  
-         El escarabajo y el hombre (1970), relato breve.
-         En busca de Aladino (1993).
-         Los eunucos inmortales (1995), novela.
-         El goce de la piel (2005). Las tres estaciones (2006).
-         En busca de la sonrisa encontrada (2012).
-         Arequipa lámpara incandescente (2014).
[3] El escritor y crítico literario José Carlos Yrigoyen habla al respecto: http://peru21.pe/cultura/columna-vertebral-oswaldo-reynoso-nosotros-2247683.
Rocío Silva Santisteban analiza la concepción de lo masculino en la obra de Reynoso https://kolumnaokupa.lamula.pe/2016/05/25/los-chicos-se-hacen-hombres/rociosilva/
[7] Los inocentes, libro de cuentos, 1961.

viernes, 18 de marzo de 2016

El Robín Hood de Marcapomacocha; en memoria de José Luís Rondón Mateo.

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche,
ya tras del cementerio se fue el sol;
aquí se está llorando a mil pupilas:
no vuelvas; ya murió mi corazón.[1]

José Luis Rondón Mateo acompañando una procesión
en julio del 2011. En la foto al extremo izquierdo.


Qué es la vida si no un cúmulo de episodios que uno recuerda de cuando en cuando, las veces que uno se divertía, las veces que lloró a mares o la ocasión en la que con mano temblorosa y sudor en el rostro nos acercamos a la casa de la persona que nos ilusionaba, llamamos a la puerta y preguntamos si podía salir, toda una odisea sin duda (al menos la primera vez). La vida es las sumas de todas nuestras experiencias y personas conocidas. Así pues nuestra vida, a veces, deja de ser nuestra para convertirse en la de otros, esto le sucede a menudo a las personas públicas o a aquellas que se llegan a ganar nuestro recuerdo por su carisma y a nuestras madres, aunque no hayamos caído en la cuesta sobre esto último; es que nuestras madres son quienes deben alimentarnos, quienes tienen que prodigarnos cariño, todo se la achacamos no como opción de vida si no como penitencia innata.

El “tío José”, como cotidianamente lo conocían en el distrito de Marcapomacocha, ha muerto[2] y no fue la longevidad o el infortunio quienes organizaron la treta fatal, estaba muriendo desde antes de dar el último respiro, la diabetes fue su opositora más férrea y voraz, cada día carcomía sus fuerzas y su físico. Todo esto lo sé porque mi padre relataba el estado de su compañero de promoción de primaria, aunque en la mesa familiar “el tío Joshecito” no era bien recibido, su ex compañero de carpeta no se desanimaba en sensibilizarnos sobre su estado de salud.

Un día, después de escuchar pacientemente cómo objetábamos la gestión del, ahora ausente, alcalde[3] José Rondón, mi padre nos alcanzó la lata de milo (que había sido parte de la canasta navideña entregada a los pobladores del distrito) ofuscado y dijo: -Quién más raja, más traga!-, refiriéndose a nuestra ansiedad por servirnos rápido el desayuno. Este hecho, me llevó a preguntar a quienes podía sobre el pasado del alcalde, ya que asumí que mi juicio podía ser sesgado si solo evaluaba el presente. Me contaron que de niño su mamá le pegaba porque se orinaba en la cama y le hacía lavar su pellejo (de ovino) en el río antes de que fuera a la escuela, yo también mojé la cama (y los pellejos que habían en ella) hasta los diez años, de modo que sé lo vergonzoso que es[4]. Luego cuando iba a la escuela su profesor le hacía repetir la frase: -Don José es un hombre de.. ¿Buena fe, profesor?- y de un puchkazo[5] se corregía y tenía que cantar: -“Don José, don José es un hombre de mala fe[6]”- (la letra de la canción distorsionada adrede por el profesor fue un estímulo cruento para un niño), mientras que a mí y mis compañeros nos castigaban a correazos por no haber saludado a algún jefe de la SAIS pachacutec o haber espiado en la reunión de los adultos en tiempos finales de  la escuela fiscalizada 31739 de Corpacancha.

Su vida pública es el resultado de lo que en su niñez y juventud tuvo que trajinar. Me quiero detener en una de sus características más saltantes desde que asumió la alcaldía: para los pobladores del distrito, era un hombre que no negaba la ayuda que le pedían, ni si quiera a sus adversarios. No sé porque lo hacía, sin duda era un hábil gestor del clientelismo, pero hasta a quienes lo insultaban no les negó apoyo. Difícilmente habrá otro alcalde que sea tan parco en ideas como solidario en actos como él fue. Es la primera vez que un poblador siente que su alcalde está cuando se enferma o convalece, es la primera vez que el alcalde “putea” al esposo de alguien al recibir una queja en su despacho frente a alguna falta que haya cometido el agresor. Fue el gestor para el reconocimiento de la “Expo feria agropecuaria de Marcapomacocha”[7] y la “Copa cochanito”[8].

El día martes, en su entierro, la gente se pilonó para despedirse o quizá para rogar que entre sus voluntades estén: compadre, comadre, padrino, madrino o amigo. No me agradó ninguna de sus gestiones pero jamás le deseé el mal, la persona detrás de ese cascarón político fue merecedor de mis rezos y buenos deseos. Una enfermedad le metió una tacleada de la que no pudo sacudirse y levantarse y caminar airoso como siempre. Hubiese preferido que fuese menos asistencialista y más visionario, pero ayudó a todas y todos, inclusive a quienes los demás pobladores hacían asco.

Cierro los ojos e imagino a la gente suplicando se levante y siga ayudando, personas de insensibilidad incólume que solo desean seguir siendo ayudadas por el Robin Hood[9] cochano, ¡que se sobreponga a la enfermedad y no moleste, pero de que me ayuda, me ayuda!, espero equivocarme. Mientras tanto, al pie de la tumba un epitafio que dice: “Perdonen que no me levante”[10].






[1] Poema Yeso, del poemario “Los Heraldos Negros” publicado en 1918. Cesar Abraham Vallejo Mendoza.
[3] Ha sido tres veces electo alcalde, periodo 2007-2010 / 2011-2014 y 2015 – 2018.
[5] Usar la pushka (rueca para hilar) como arma y golpear con ella.
[6] Canción Don José del grupo de cumbia peruana Los ribereños. https://www.youtube.com/watch?v=3m8W6pTNtqo.
[7] Feria ganadera que posee reconocimiento nacional.
[9] Personaje mítico del folckore inglés, caracterizado por su accionar fuera de la ley y por solidarizarse con la causa de los pobres. Vivió entre los años 1100 – 1200 aproximadamente. https://es.wikipedia.org/wiki/Robin_Hood
[10] Groucho Marx (1895-1977) Actor, escritor y humorista estadounidense. https://es.wikipedia.org/wiki/Groucho_Marx

domingo, 15 de febrero de 2015

Dos zorros para el violinista de Ishua. Homenaje a Máximo Damián.

“…al violinista Máximo Damián Huamaní, de San Diego de Ishua, le dedico, temeroso, este lisiado y desigual relato”. – José María Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo [1]
Máximo Damián tocando en el entierro de Arguedas.
Fuente: El comercio.
Se ha marchado a la eternidad, se ha ido a reír y a cantar (en quechua) con su amigo; se ha ido, como la lluvia en estos tiempos, muy de prisa, aún nos tenía que regalar más poemas sonoros. Se ha ido y es hora de tocar la ‘Agonía’[2] para acompañar su llegada, allí, donde el amauta.

En la película: Two mules for sister Sara[3] (Dos mulas para la hermana Sara), un caza recompensas se encuentra casualmente con una mujer que finge de monja con el propósito de ser protegida y llevada a buen recaudo, el título del largometraje pretende explicar que la co-protagonista necesita de dos mulas para sobrevivir. El título de este escrito es un juego de palabras inspirada en el título de ese filme, jugando con las palabras preciso explicar que se necesitó dos zorros en la vida de Don Máximo Damián HuamanÍ (San Diego de Ishua, distrito de Aucara, provincia de Lucanas, departamento de Ayacucho, Perú, 20 de diciembre de 1936 – Lima, Perú, 12 de febrero de 2015), uno lo cobijó y le dio aliento para crear y deslumbrar más de lo que ya venía haciendo y otro que adelantó su atardecer de una manera huraña, y letal.

Hijo de Justiniano Damián y Toribia Huamaní, campesinos. Aprendió de su padre a tocar el violín, su padre no deseaba que él siguiera sus pasos ya que asumía esa labor como un camino hacia la “borrachería”. Su tenacidad y perspicacia le hicieron desobedecer a su padre, aprovechaba cada vez que se iba de gira para coger el violín y tocar (los discípulos de su papá le acompañaban). A los 13 años debutó como violinista y en adelante sembraría éxitos, siempre ligado a la composición de melodías tradicionales del ande, reconocido ahora como Guardián de nuestra identidad andina[4].

“La fuerza y musicalidad de su instrumento nacida en el coliseo llegó hasta la televisión y el cine, y contribuyó a que el país, primero, y el mundo, después, conocieran la Danza de las Tijeras, máximo homenaje quechua a la Uku Pacha o mundo dentro de la tierra, que usa piezas de metal que tuvieron que venir de Europa porque ninguna de las grandes culturas andinas logró elaborar objetos semejantes”.[5] Quizá ese sea su mejor legado, el de haber contribuido en una expresión tan mítica y compleja que algunos logran entenderla solo cuando le ponen el rótulo de demoniaca. Entre su producción discográfica destaca: Máximo Damián. El violín de Ishua (París, 1992)[6].

Damián conoció a Arguedas un día que este último fue a buscarlo a su casa en Lima (Máximo se había mudado a los 14 años a la capital, desde entonces trabajaba de obrero y tocaba su violín los fines de semana en fiestas de algún paisano y después en coliseos) y le propuso tocar donde Arguedas lo requiriese. Desde entonces se volvieron amigos, mas que eso, se volvieron familia[7]. El creador de Todas las sangres vendría a ser el primer zorro en la vida de Máximo Damián. Fue Arguedas quien le dijo que siempre conservase el estilo tradicional con el que tocaba el violín, que no se deje llevar ni guiar por el mercado, que toque lo que sienta y así jamás mienta. 79 años vivió y los dedicó al arte y la vida a plenitud, siempre humilde, siempre el mismo.

También yo tengo dos zorros, o quizá solo uno, que no son alegorías, son en realidad zorros. El pasado 11 de febrero, mientras Máximo Damián agonizaba, mi madre junto a mis perros daban cacería a un zorro en una rinconada, lograron acorralarlo, el animal se refugiaba debajo de una gran roca. Tenía que morir, de lo contrario nuestro rebaño seguiría viéndose afectado. Como el escondite del zorro era impenetrable, mi mamá optó por tapar las salidas cubriéndolas con piedras de tal forma que no pudiera salir mientras venían los refuerzos (es decir yo). Horas después prendimos fuego por un agujero que daba adentro del escondite, jamás salió, era un zorro, a pesar de no ser adulto, tenaz y temerario.

Desde el día 12 hasta hoy 15 han caído dos alpacas y un cordero, no sabemos si es otro zorro o el mismo que, no sé como, ha escapado de su encierro. Lo único real es que la puna cochana donde vivimos ( Comunidad Campesina de Marcapomacocha, 4500 metros sobre el nivel del mar aproximadamente) luce incierta, fría e inclemente. No deseábamos cegar la vida de ningún zorro por puro capricho, nos estábamos defendiendo de sus cacerías en nuestro territorio. Pese a ello parece ser que la naturaleza y “el compadre” han conjurado para castigar nuestra rebeldía.

Retomando a Máximo, él también tiene su otro zorro castigador. Sus últimos meses fueron un martirio. Padecía de diabetes, el tratamiento y los ingresos que poseía eran insuficientes para menguar su mal[8]. El estado tan ancho y ajeno, parafraseando a Ciro Alegría, no se preocupaba por alguien que había puesto en valor parte de la tradición y sentir andino, expuso su arte en diversos países. Un simple traslado de un hospital a otro, mas especializado, era imposible, como si se tratase de hacer música con el violín solo con la lengua sin utilizar otra extremidad del cuerpo. Máximo languidecía y su humildad ahora se confundía con resignación.El estado y sus hospitales eran el segundo zorro que le daba con palo aún sin ser su hora.

Máximo Damián 15 de enero del 2015.
Fuente: Diario 16.
“Todo muerto siempre es bueno”, en este caso él si lo fue. Ahora que las autoridades le dan reconocimientos máximos a un cadáver sin alma, su alma yace tocando su violín en la eternidad, y se toman fotos junto a él, se ve el agua sucia donde se han lavado las manos como buenos pilatos. ¿Y Máximo?, él está otra vez con el violín en la mano camino a su encuentro con Arguedas, es que este último le debe una promesa, el andahuaylino tenía que estar para el almuerzo en casa de Damián a fines de noviembre de 1969, el violinista esperó con la sopa que a Arguedas le gustaba, también estaban en la mesa papa y queso, sin embargo el visitante jamás llegó; al día siguiente se leía en la prensa que Arguedas se había suicidado. Ahora ya no hay escusa, por fin se verán puesto que Arguedas se adelantó y si su depresión siguiese (allí donde se encuentre) ya no se podría matar (su alma ascendió a la eternidad), ahora será él quien espere con comida al humilde Máximo, que hasta el fin de sus días me dio la impresión de que le era mas fácil conversar en quechua que “hacerse entender” hablando en el idioma con el que le dijeron: “No hay cama para atenderlo” en un hospital donde el sonido parece el del toque fúnebre.

Máximo Damián e Ysabel Asto, 15 de enero del 2015
Fuente: Diario 16.
Se ha marchado a la eternidad, se ha ido y esta vez el que fue hechura de su madrasta espera para que rían en la lengua madre, se ha ido y los truenos ahora suenan a “la agonía”, se ha ido y en la puna cochana donde pasto mis ganados ya no se oye el soplar del viento, ahora se siente el compás del violín. Se ha marchado y es Ysabel  Asto quien llora de corazón. Se ha marchado y su violín sigue con él al lado.

 Video Homenaje a Máximo Damián hecho por Misky Taky
en el 2013.




[1] Novela póstuma de José María Arguedas, dedicada a Máximo Damián.
[2] Melodía compuesta por Máximo Damián que acompaño el entierro de José María Arguedas.
[3] Película estadounidense del género western, dirigida por Don Siegel, con Shirley MacLaine y Clint Eastwood en los papeles principales. La película fue rodada en los Estados Unidos en 1970, con la música del compositor italiano Ennio Morricone.
[6] En este enlace podemos ver algunos videos del maestro tocando su violín en su pueblo natal: http://ishuanos.blogspot.com/2008/09/don-mximo-damin-huaman-violinista-de.html