sábado, 7 de mayo de 2016

De regreso (poema).

No es cierto que he muerto,
sólo estoy perdido.
Deambulo
buscando mis pisadas,
aquellas huellas
que notifiquen mi historia.

No recuerdo si fue ayer,
pero fue cuando vivía
hastiado del cemento.
Fue cuando comencé 
a perderme,
caminando por mis rendijas oscuras
por los charcos que brotaron de mis ojos.

Te sigo rezando,
las velas aún alumbran tu altar.
Por eso he decidido retroceder,
volver al barullo y la neblina citadina.
He decidido regresar,
vivir cerca y estar allí,
se que algún día vendrás,
quizá por un terrón de azúcar
o para que vigile tu casa mientras sales
... o quizá para darme la oportunidad
de abrigarte y mecerte, para que duermas
y estés en paz

No es cierto que he muerto,
estaba perdido
y me he encontrado.

viernes, 29 de abril de 2016

Tiempo después (poema).

Ya no hay carpetas ni tareas por hacer,
tampoco aquella profesora deseada con la mirada;
no se teme defraudar a nuestros hacedores,
no se ejercita ni se corre en las horas de salida.
No se vive, solo se existe.

Ya no asusta la tardanza ni la irresponsabilidad,
ya nada nos hace desear estar siempre cogidos de la mano;
No nos espanta la corrupción ni la mentira,
ya no extendemos nuestro brazo sincero,
lo hacemos si del otro lado está el Dios dinero
para poder reír irrelevancias, para poder fingir pomposidad.

Nuestros galardones son todos esos perfumes femeninos
que impregnaron nuestra piel, después de un momento amemorial;
Nuestro orgullo es el cabe a la ley, la patria y al hogar.
Cada vileza es un galardón para el regocijo.
Mientras entre copas de nostalgia lloramos nuestra esclavitud,
este sistema nos ha colonizado, nos redefinió.

Será que los reencuentros con nuestro pasado,
esos que se repiten una vez al año
cuando la campana de nuestro colegio nos convoca,
será que ese abrazo a la memoria, al juego y la colectividad,
...será que esos encuentros son el único
eximio pero existente lugar de reconciliación.

Es quizá el recuerdo de los romances adolescentes,
los juegos con balones y mucho músculo,
el olor a tiza y tinta de lapicero..
Es quizá lo bueno de la etapa rebelde,
donde no teníamos cargos de conciencia
ni responsabilidades impuestas
ni competencias nefastas.
El tiempo donde soñar era ser revolucionario.

Tiempo después nos vemos y reímos,
de pena, de alegría, quizá de impotencia
o adoctrinados por el egoísmo y el individualismo carnívoro.

Pero nos encontramos y todo vuelve a la mente
y el alma regresa, breve, a nuestro cuerpo.
Tiempo después seguimos siendo compañeros,
de caminos, de recuerdos y romances compartidos.

Soltamos nuestros brazos, inertes al rechazo,
proferimos nuestro credo:
"creemos en la alegría que provocan los recreos"
"odiamos (ahora) el timbre para la salida".

No, no es una alegría blanca, es solo
un reencuentro tiempo después de haber abandonado
las aulas, llenas de llantos y suspiros esperanzados.
2014. Con compañeros de secundaria.

Para qué el recuerdo (poema).

Es que nada es igual
ya no respiro al compás;
mis risas no son rítmicas
tampoco acompañan
ni la fiesta ni el alba.

Es que todo huele a mojado,
sensación de ausencia infinita
de fiebre visceral;
Todo se llena de moho
de nostalgia, de despido.

"Ya nada es como antes"
como cuando corría
contra el viento y el destino.
Cuando amanecía abrigado
con aroma a romance, a victoria.

Ya no me encajan
ni el cinturón ni la túnica.
Mis botas se apolillan
mis caminos se bifurcan
nuevamente seden al olvido y la ignominia.

Siento como mojan el pan
tantos judas, todos usureros.
Siento como me profesan amor
aquellas piedras, tan temerosas,
al salir me negarán tantas veces,
tantas como las nubes negras
que antes eran tormentas
y ahora son toxinas.

viernes, 18 de marzo de 2016

El Robín Hood de Marcapomacocha; en memoria de José Luís Rondón Mateo.

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche,
ya tras del cementerio se fue el sol;
aquí se está llorando a mil pupilas:
no vuelvas; ya murió mi corazón.[1]

José Luis Rondón Mateo acompañando una procesión
en julio del 2011. En la foto al extremo izquierdo.


Qué es la vida si no un cúmulo de episodios que uno recuerda de cuando en cuando, las veces que uno se divertía, las veces que lloró a mares o la ocasión en la que con mano temblorosa y sudor en el rostro nos acercamos a la casa de la persona que nos ilusionaba, llamamos a la puerta y preguntamos si podía salir, toda una odisea sin duda (al menos la primera vez). La vida es las sumas de todas nuestras experiencias y personas conocidas. Así pues nuestra vida, a veces, deja de ser nuestra para convertirse en la de otros, esto le sucede a menudo a las personas públicas o a aquellas que se llegan a ganar nuestro recuerdo por su carisma y a nuestras madres, aunque no hayamos caído en la cuesta sobre esto último; es que nuestras madres son quienes deben alimentarnos, quienes tienen que prodigarnos cariño, todo se la achacamos no como opción de vida si no como penitencia innata.

El “tío José”, como cotidianamente lo conocían en el distrito de Marcapomacocha, ha muerto[2] y no fue la longevidad o el infortunio quienes organizaron la treta fatal, estaba muriendo desde antes de dar el último respiro, la diabetes fue su opositora más férrea y voraz, cada día carcomía sus fuerzas y su físico. Todo esto lo sé porque mi padre relataba el estado de su compañero de promoción de primaria, aunque en la mesa familiar “el tío Joshecito” no era bien recibido, su ex compañero de carpeta no se desanimaba en sensibilizarnos sobre su estado de salud.

Un día, después de escuchar pacientemente cómo objetábamos la gestión del, ahora ausente, alcalde[3] José Rondón, mi padre nos alcanzó la lata de milo (que había sido parte de la canasta navideña entregada a los pobladores del distrito) ofuscado y dijo: -Quién más raja, más traga!-, refiriéndose a nuestra ansiedad por servirnos rápido el desayuno. Este hecho, me llevó a preguntar a quienes podía sobre el pasado del alcalde, ya que asumí que mi juicio podía ser sesgado si solo evaluaba el presente. Me contaron que de niño su mamá le pegaba porque se orinaba en la cama y le hacía lavar su pellejo (de ovino) en el río antes de que fuera a la escuela, yo también mojé la cama (y los pellejos que habían en ella) hasta los diez años, de modo que sé lo vergonzoso que es[4]. Luego cuando iba a la escuela su profesor le hacía repetir la frase: -Don José es un hombre de.. ¿Buena fe, profesor?- y de un puchkazo[5] se corregía y tenía que cantar: -“Don José, don José es un hombre de mala fe[6]”- (la letra de la canción distorsionada adrede por el profesor fue un estímulo cruento para un niño), mientras que a mí y mis compañeros nos castigaban a correazos por no haber saludado a algún jefe de la SAIS pachacutec o haber espiado en la reunión de los adultos en tiempos finales de  la escuela fiscalizada 31739 de Corpacancha.

Su vida pública es el resultado de lo que en su niñez y juventud tuvo que trajinar. Me quiero detener en una de sus características más saltantes desde que asumió la alcaldía: para los pobladores del distrito, era un hombre que no negaba la ayuda que le pedían, ni si quiera a sus adversarios. No sé porque lo hacía, sin duda era un hábil gestor del clientelismo, pero hasta a quienes lo insultaban no les negó apoyo. Difícilmente habrá otro alcalde que sea tan parco en ideas como solidario en actos como él fue. Es la primera vez que un poblador siente que su alcalde está cuando se enferma o convalece, es la primera vez que el alcalde “putea” al esposo de alguien al recibir una queja en su despacho frente a alguna falta que haya cometido el agresor. Fue el gestor para el reconocimiento de la “Expo feria agropecuaria de Marcapomacocha”[7] y la “Copa cochanito”[8].

El día martes, en su entierro, la gente se pilonó para despedirse o quizá para rogar que entre sus voluntades estén: compadre, comadre, padrino, madrino o amigo. No me agradó ninguna de sus gestiones pero jamás le deseé el mal, la persona detrás de ese cascarón político fue merecedor de mis rezos y buenos deseos. Una enfermedad le metió una tacleada de la que no pudo sacudirse y levantarse y caminar airoso como siempre. Hubiese preferido que fuese menos asistencialista y más visionario, pero ayudó a todas y todos, inclusive a quienes los demás pobladores hacían asco.

Cierro los ojos e imagino a la gente suplicando se levante y siga ayudando, personas de insensibilidad incólume que solo desean seguir siendo ayudadas por el Robin Hood[9] cochano, ¡que se sobreponga a la enfermedad y no moleste, pero de que me ayuda, me ayuda!, espero equivocarme. Mientras tanto, al pie de la tumba un epitafio que dice: “Perdonen que no me levante”[10].






[1] Poema Yeso, del poemario “Los Heraldos Negros” publicado en 1918. Cesar Abraham Vallejo Mendoza.
[3] Ha sido tres veces electo alcalde, periodo 2007-2010 / 2011-2014 y 2015 – 2018.
[5] Usar la pushka (rueca para hilar) como arma y golpear con ella.
[6] Canción Don José del grupo de cumbia peruana Los ribereños. https://www.youtube.com/watch?v=3m8W6pTNtqo.
[7] Feria ganadera que posee reconocimiento nacional.
[9] Personaje mítico del folckore inglés, caracterizado por su accionar fuera de la ley y por solidarizarse con la causa de los pobres. Vivió entre los años 1100 – 1200 aproximadamente. https://es.wikipedia.org/wiki/Robin_Hood
[10] Groucho Marx (1895-1977) Actor, escritor y humorista estadounidense. https://es.wikipedia.org/wiki/Groucho_Marx

viernes, 11 de marzo de 2016

Percepción (poema).

He sorprendido mi pasado
entre olores de incienso,
ofrenda y ternura familiar.
Es un gráfico a medio editar,
como si se tratase del inicio
de los albores de una historia
que no me pertenece, pero
me presenta como el núcleo.
Una sensación de dogmatismo
profundo y melódico, esencial,
cubierto de adornos y augurios.

He pernoctado alzado, débil,
asaltado por la sensación de ser
o de parecer una prolongación.
Sospecho que no fui causalidad,
pero fui encausado, reinventado.
Retrocedo y siento certezas,
no entusiasmo aventurero, si no
esperanza perpetua, floreciente.

Entro ofuscado donde mis padres;
se deshacen en deseos de felicidad longeva,
perfectud geométrica y certeza médica,
todo sobre mí
Mis atardeceres y auroras, todas desean
esponjosas caricias, dulces roces.
He comprendido, ahora, que mi pasado
no es volátil, no es un juego de dados,
mi pasado es profesión de fe.
Mi pasado es, dos personas creyendo,
dos personas construyendo,
dos personas caminando...
Al menos eso veo y leo en los ojos de mi madre.