jueves, 3 de noviembre de 2016

El lamento (poema)

Me vengaré de ti en cuerpo y alma,
me vengaré de ti y tus acciones.
¡Lo sé! tarde ya es
¿por qué el alba nunca llega?
para consumar las acciones
de aquel triste día
en que juré desaparecerte
de este mi destino.

Me vengaré dije,
me vengaré digo,
me vengaré diré.
Más nunca cumpliré.

No es odio cualquiera ¡No!
es odio a muerte.
Tú arruinaste mi destino
yo arruinaré tu mente.

Te metiste en mi vida
como una rata,
y ahora te sientes
una serpiente.

Engañaste a mis amigos
pero conmigo no pudiste.
-Desobediente- alegaste.
Sí, mis amigos te creyeron
de mí desconfiaron ¡Mis amigos!

Desaparecerte juré,
pero jamás lo intenté.
Ridiculizarte quise
y ridiculizado quedé.

¿Tendré memoria frágil?
o ¿me haces brujería?
Porque digo hacerte daño
y en cómplice me quedo.

Cómplice soy,
cómplice seré.
que triste suerte
la de un indeciso
como yo

10-09-05.[1]



Amanecer camino a Cerro de Pasco.





[1] Uno de los tres poemas escritos cuando tenía 14 años. El estudiante se "atoró", El destino de una oveja y este poema son los tres poemas escritos ese año.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Acta Nº 001 (poema).

Propongo que se apague el sol,
propongo secar los mares,
propongo cerrar los burdeles,
propongo extinguir las cantinas,
propongo fumar sin advertencias,
propongo clausurar las bibliotecas,
propongo encarcelar a los poetas,
propongo dejar de llorar,
propongo cerrar las cortinas al amanecer,
propongo volver a amar una vez más,
propongo apagar los celulares y mirarnos nuevamente,
propongo abrazarnos después de follar,
propongo que este poema no se lea, ni se recuerde
Y por último propongo: ¡Irnos a la mierda!

P. D: Propongo volver y encender el sol.

Poema escrito en coautoría con Oscar Calle Elescano.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Te veo venir soledad (poema).

Mientras sirvo la mesa
reviso que todo esté en su sitio,
también el vacío está donde debe.
Recuerdo porqué estoy tan alto, alejado, escondido.

Es rutinario sacudir los manteles,
ordenar las sillas y esperar que hierva el agua;
Sí, todo es mecánico pero necesario.
Es que tu ausencia se siente menos,
en la monotonía, en mis hábitos diurnos.

Mi opacidad se pierde entre la paja podrida
que cubre mi techo, con agujeros subsanados (zurcidos);
También se siente en el moho verdoso de mis paredes empedradas.
Paredes geométricamente erguidas como mi vida,
como la rutina que me he inyectado para sentir menos
quizá esperanzado de no sentir soledad.

Duele el frío por las tardes, duelen mis huesos;
pero más duelen mis recuerdos, tus recuerdos.

Aquí en lo alto el rayo mata sin favoritos,
mientras tú elijes desolarme.
El granizo y el viento golpean,
más tú aprietas tanto que asfixias mi contento.

Pasaré la temporada aquí, en lo alto, lo incógnito.
El sonido del aguacero me distraerá,
cada anochecer silencioso me poseerá.
Trataré de olvidar tu ausencia
y temer menos tu presencia.

Al término del llanto natural saldré,
divisaré si aún persistes acompañarme;
Caminaré cuesta abajo y correré, cada vez más,
escaparé de mi trinchera, saldré a la carretera.
Será hora de mudarme a donde tu omnipotencia se demore.

Seguro llegaré a la ciudad para perderme entre el tumulto,
para ocultarme entre la languidez de los citadinos,
Cada uno con sus deudas, con sus miedos y sus sentencias.
Allá en la cuidad te será más difícil atraparme,
pero desde ya, sé que siempre rondarás cerca.

Tan cerca estás siempre, que siento tu soplido en la nuca,
siento gélido tu abrazo;
Te siento tanto que eres todo lo que siento
y eres todo cuanto sentiré.

Es que no eres una, eres dos;
Eres dualidad.
Por eso me aterra tu presencia y saberme sólo,
a la vez eres todo cuanto tengo pues siempre estás.
Siempre has estado y siempre te has develado,

siempre me has salvado, siempre me has amado. 

viernes, 9 de septiembre de 2016

Profesión de fe o El día en que tú nacías (segunda parte). (poema).

El día en que tú nacías, 
mis sueños se negaban a claudicar, 
despertaban arte y sed de abrazos recíprocos.

El día que tú nacías, 
mis progenitores comenzaban a hacer maletas
para volver a su terruño, 
hastiados de la soledad que provoca el cemento.

El día en que tú nacías, 
nacían las flores y los alfalfares, 
las crías de las especies se abrían paso, 
jubilosas por empezar la vida.

El día que tú nacías, 
sonaba el tambor, el bongo, 
la antara, la flauta, la gaita 
y todos los instrumentos 
desde los confines del mundo 
para rebelarse, 
exigiendo comunidad 
se levantan y entonan.

El día que tú nacías 
en la red encontrábamos informes 
de exiliadxs y migrantes, 
trajinados y tristes 
por la violencia de sus pueblos, 
nosotros acudíamos como samaritanos 
a ofrecerles nuestra diestra hermana 
y un sorbo de agua 
que reviva esperanzas 
para el bien común.


El día que tú nacías, 
todxs nos levantamos 
con la intención de caminar 
y poner el hombro 
ante el desamparo, 
la mezquindad y el rechazo. 

Estamos de pie y en rebeldía 
y nuestra rebeldía 
nos invita a ser solidarios, 
equitativos 
y por sobre todas las cosas, 
ser hermanxs.

Mujer de ande.
Dibujo de Armando Lopez.